Biografía de Hna Glenda

SUS INICIOS

 

Nació en Parral, Chile. Hija de los profesores Erasmo Hernandez Troncoso y Graciela Aguayo Sobarzo. Ella es la segunda de cuatro hermanos: Orielle, Leonardo y Grace. Realizó la mayor parte de sus estudios en Linares; de segundo a cuarto de primaria (enseñanza básica en Chile) estudia en el Colegio de la Providencia, dirigido por una congregación de monjas canadienses; el séptimo y octavo básico en el Colegio María Auxiliadora, dirigido por las religiosas salesianas. La enseñanza media (bachillerato) la cursó en el liceo público B 27 de la Ciudad de Linares. Fue una adolescente muy inquieta: perteneció a la Cruz Roja, fue ecologista, presidenta del centro de alumnos de su liceo, deportista de vóleibol y atletismo. Sus cercanos la reconocían por tener un carisma y simpatía especial que siempre la hicieron popular en los colegios por donde estuvo. También en esos años comienza a cantar junto con otras dos amigas en los festivales y actos de su liceo y ciudad.

LAS DUDAS

 

 

En la adolescencia Glenda comienza a hacerse muchas preguntas y a cuestionar la Fe recibida. Su Padre no creyente y el ambiente del liceo público donde estudiaba le hicieron declararse Atea. Rechaza el sacramento de la confirmación a la edad que le correspondía causando mucho disgusto a su madre profundamente creyente. Estas dudas le despertaron unos profundos deseos de conocer todo tipo de creencias filosóficas y religiosas. Visitó muchas iglesias protestantes y centros gnósticos de su ciudad por un sincero deseo de encontrar "algo". Coincide ese tiempo de búsqueda con su participación en un festival de música de "protesta" contra la dictadura militar de Pinochet. Los jóvenes de esa época comenzaron a revelarse y ese tipo de actividades eran muy populares en su región. Como premio le regalan una Biblia, que comienza a leer durante todo un año, desde el génesis hasta el apocalipsis. Nos confiesa que no entendía mucho lo que leía, pero que subrayaba y escribía en los bordes sus preguntas y dudas. Nos cuenta que sus primeras oraciones eran como hablar con el aire, pero que de corazón repetía: "Dios, si existes, que yo te conozca"

 

SU ENCUENTRO CON JESUCRISTO

 

 

Llena de dudas y después de hacer un verdadero "shopping" en diferentes sectas, grupos religisos y filosóficos de su ciudad decide al final tambien inspeccionar en la Iglesia católica. Nos cuenta que entraba a la misa y observaba a la gente, miraba la cruz y le preguntaba a Cristo: ¿es verdad que has muerto por mi?, ¿para qué?, ¿Qué sentido tiene?. Se quedaba muchas horas mirando esa cruz. El cuidador de la Iglesía ya la conocía y le enseñó cómo entrar a la catedral de su ciudad en los horarios en que la Iglesia estaba cerrada, este hombre se llamana Don Clorito. Gracias a esa complicidad entre los dos Glenda podía estar sóla en la Catedral desahogando sus dudas y preguntas. El deseo de encontrar a Dios quemaba más su corazón, era cada vez más fuerte: a más dudas, más deseo de encontrarle.. y seguía leyendo la Biblia... En una de esas tardes de lectura bíblica, nos cuenta Glenda que, sin hacer nada, la presencia de Dios se impuso, se hizo tan patente que ella no sabía cómo reaccionar, nos cuenta que optó por no moverse, pues pensaba que si se movía dejaría de experimentarla. La presencia Divina inundó su corazón de amor y de paz y por primera vez, nos dice: "entendí lo que estaba leyendo, pero lo entendí no sólo con la cabeza, sino con el corazón". El texto que Glenda estaba leyendo cuando tuvo esta experiencia es el Evangelio de San Juan, capítulo 3, versículo 16: "tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único hijo para que todo aquel que crea en Él tenga vida eterna". Después de esta experiencia, nos dice que comenzó a comunicarla a sus amigos y compañeros de liceo, porque deseaba de corazón que todo el mundo pudiese experimentar y gozar de Dios.

 

UNA FE COMPROMETIDA

 

Con su novio o pololo, como dicen en Chile, Glenda comenzó a asitir a misa frecuentemente, a visitar los barrios marginales de su ciudad, se llenó de piojos por el contacto con los niños de más escasos recursos, visitaba la carcel de mujeres para enseñar guitarra y cantar con a las internas de la prisión. En cada encuentro con ellas les compartía su experiencia y les invitarba a buscar a Dios. Nos cuenta su madre que regaló toda su ropa a los pobres y vestía una ropa muy sencilla. Por propia iniciativa se inscribe en los cursos de preparación al sacramento de la Confirmación, porque quería recibir el Espíritu Santo, pues sabía que con su ayuda entendería y comprendería más acerca de Dios. Nos cuenta que se confesó 3 veces, porque temía pecar y que por esto no viniese el Espíritu Santo. En la última confesión el Párroco de la catedral, el Padre Mesa, le dijo riendo que ya no la podía confesar más y que el Espíritu Santo era un regalo que no dependía sólo del esfuerzo humano así que debía poner todo su empeño en "esperar de Dios todo". Aún hoy recuerda sus palabras. Por otra parte su novio no protestaba y le acompañaba en estas aventuras espirituales y apostólicas. 

EL LLAMADO A LA VIDA CONSAGRADA

 

Dentro de su corazón se fue gestenda un deseo nuevo que Glenda a penas se atrevía a confesarse a si misma: ¡que hermoso sería vivir sólo para servir a Dios!. Y poco a poco este deseo se fue haciendo más fuerte. Por primera vez le llamaban la atención las personas consagradas. Nos cuenta que un día siguió a una religiosa y a escondidas toco el borde de su hábito, quería saber cómo era. Cuando entraba a misa y escuchaba cantar el estribillo de la canción pescador de hombres: "Señor me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre..." le tocaba profundamente el corazón y le hacía desear de dejarlo todo y entregarse a Dios. En medio de sus quehaceres cotidianos siempre venía la misma duda a su cabeza: ¿será que tengo vocación?. Un día se puso una toalla en la cabeza simulando un velo para ver cómo se vería...y se decía: "no puedo ser monja, no resistiré ese tipo de vida, además me queda faltal el velo y no hay ninguna hermana con nombre Glenda". Su novio le confesaba que cuando ella estaba en oración o en la eucaristía estaba tan concentrada y sumergida que no se atrevía ni a hablarle" y un día le dijo: "¿no querrás hacerte monja?" Dice Glenda que esta pregunta le sumbaba en los oídos del corazón hasta que se dijo: "debo afrontar esta inquietud y saber si tengo vocación o estos deseos son un invento mío". Con esta decisión comenzó seriamente a buscar quién le pudiese ayudar a discernir si tenía o no vocación. Un día al salir de misa en la catedral vió un letrero que decía: "Jornadas vocacionales para jovenes". Cuando llegó el día de la jornada ella se da cuenta que era la única chica del grupo. El sacerdote responsable de la pastoral vocacional diocesana le preguntó que qué hacía ahí. Ella le dijo que había visto el letrero de "jornadas vocacionales para jóvenes y que pensaba estas le ayudarían a saber si tenía vocación o no". El sacerdote riendo le explicó que eran jornadas sólo para los candidatos al seminario, que todavía no habían sacerdotizas en la Iglesía católica..entonces ella se disculpó e hizo ademán de retirarse, pero los futuros seminaristas le dijeron al sacerdote que ella podría estar en el proceso junto con ellos y que la "adoptaban". Esto hizo mucha gracia al encargado de la pastoral vocacional y la aceptó. Fueron años de intensos retiros, convivencias, test de personalidad, de cuadernos y entrevista de acompañamiento vocacional, al final del proceso muchos se fueron al seminario, otros descubrieron que tenían otra vocación. Cuando llegó el fin del proceso de Glenda el sacerdote encargado le dice: "bueno, después de este proceso has descubierto que sí hay una llamada de Dios para una especial consagración en tu vida, pero debes despedirte del seminario y buscar la congregación religiosa donde consagrarte". Y así lo hizo. La pregunta para Glenda ya no era qué, sino dónde debía entregar su vida a Dios. 

 

SU VIDA COMO RELIGIOSA DE LA CONSOLACIÓN

 

 

En las hojitas de la misa dominical habia una sección dedicada a la promoción de las congregaciones religiosas que habían en Chile en esos años de dictadura de Pinochet. No había internet asi que la única forma de conocerlas era escribirles una carta y ellas te enviaban la información impresa de su congregación. Glenda comenzó el estudio de la historia, carisma y misión de cada una. Le parecían todas iguales, hasta que dió con un folletito que decía: "consolad, consolad a mi Pueblo" y se lo devoró leyendo e investigando acerca de lo que significaba el carisma y la espiritualidad de la consolación de Dios en la Biblia y en esa familia religiosa. Vió que trabajaban en Colegios y como a ella le gustaba la educación, pidió una cita con las religiosas. Luego de otro año de acompañamiento con ellas y de compartir de cerca su modo de ser y estar en la iglesia, da el paso: deja a su novio, deja su familia, su futuro universitario y entra en las Hermanas de la Consolación. Una congregación española, catalana y con comunidades en mas de 11 países. A penas profesa viaja a Buenos Aires a continuar su formación académica. Luego es enviada a un colegio de la congregación en la ciudad de Concepción, Tucumán, Argentina. Allí se dedica a la enseñanza y a la pastoral juvenil entre los niños y jóvenes más pobres. Luego las hermanas la envían a Roma para que continue su formación teológica en la Universidad Gregoriana. Cuando acaba sus estudios la Congregación la envía al Colegio de Zaragoza en España. Luego recibe un envío a la ciudad de Salamanca para continuar su formación profesional en el área de la psicología, licenciándose en la Universidad Pontificia de Salamanca. Se dedica en este tiempo a la pastoral con universitarios. Permaneció en esta congregación 20 años, desde 1988 hasta 2008. Fue muy querida y valorada por el Instituto que le procuró tantas oportunidades de formación y crecimiento que no siempre se puede hacer con todos los miembros. Hasta el día de hoy las hermanas la recuerdan y la reciben con cariño cuando ella les visita. Glenda nos dice que debe todo lo que es y tiene a las Hermanas y que sigue llevando el carisma de la Consolación a todas las partes del mundo donde su música le ha permitido llegar.

 

EL LLAMADO A EVANGELIZAR CON LA MÚSICA

 

 

Cuando Glenda vuelve a la Fe se dedica a cantar en la misa dominical de la catedral de su ciudad. siempre recuerda que la gente después de misa se acercaba a ella para saludarla con los ojos llorosos, emocionados y agradecidos. "Yo no sabía por qué sucedía esto", nos confiesa ella, "había algo en mi voz que sólo ahora entiendo" nos dice. Los jueves en la catedral de su ciudad, el Obispo Carlos Camus hacía momentos de adoración al Santísimo Sacramento. Glenda le acompañaba con su guitarra. Muchas veces estaban los dos sólos frente al Santísimo, pues la gente no siempre acudía. El Obispo le decía: "canta chiquilla, cántale a Jesús". Uno de esos jueves Don Carlos le dijo: "chiquilla, grábame esas canciones tan lindas que le cantas al Señor y que me hacen tanto bien". Fue así como sin saberlo, su primer disco lo hizo para su Obispo. Glenda tenía entonces 16 añitos. Nunca imaginó lo que Dios le pediría mucho tiempo después. Pasaron los años y ella siguió componiendo, esas canciones frutos de su oración personal le servían mucho en su apostolado. Todo transcurre traquilamente en su vida como religiosa dedicada sobre todo a la enseñanza hasta que en el año 2002 recibe una invitación a cantar en la misa de clausura de la JMJ de Toronto mientras el papa Juan Pablo II repartía la comunión. Después de este acontecimiento comenzaron las invitaciones de muchas partes del mundo para que Glenda fuese a cantar. Por otra parte el encuentro con el Papa y ver su ardor misionero a pesar de su enfermedad puso en Glenda un deseo de evangelizar con la música en muchos lugares donde era llamada. Pero en la realidad era muy dificil compatibilizar ser religiosa de un colegio y evangelizadora con la música. Entonces: ¿cómo Dios podía querer algo que era muy dificil de compatibilizar con un estilo de vida que vivía desde hace 20 años?; ¿cómo Dios podía querer algo para lo cual ella no había estudiado, ni estaba preparada? pues sus conocimientos musicales son rudimentarios; ¿era de Dios ese deseo de evangelizar con la música o era sólo un gusto personal?, ¿las llamadas que la invitaban de muchas partes del mundo eran llamado de Dios o una tentación del maligno para sacarla de su vida normal en un colegio?. Se comenzó en el año 2002 y hasta el 2008 un gran discernimiento en la propia congregación y en el corazón de Glenda para buscar con honestidad cuál era la voluntad de Dios: ¿seguir dedicada a la enseñanza o evangelizar con la música?

 

SU PASO AL ORDO VIRGINUM 

 

La Evangelización con la música es un carisma muy particular que requería otra cobertura canónica. A esta conclusión llegan las hermanas y la propia hermana Glenda en este largo discernimiento. Recurren al derecho canónico para ver qué cobertura eclesial permitiría a Glenda seguir siendo consagrada y poder dedicarse a la evangelización con la música. Descubren que en el Ordo Víginum, la primera y más antigua forma de consagración en la iglesía, permitiría a Glenda seguir viviendo su consagración de manera pública y dedicarse por completo a la evangelización con la música. Don Jose Angel Saíz Meneses, Obispo de Terrassa, Barcelona, acoge este discernimiento y recibe a Glenda en su diócesis. Así el 28 de diciembre del 2008, día de la Sagrada Familia, la Hermana Glenda es consagrada en la catedral de Terrassa por el propio Obispo. Desde esta nueva y antigua forma de vida consagrada la Hermana Glenda puede seguir viviendo su consagración a Dios y dedicarse por completo al anuncio del Evangelio a través de la música.

HOY 

 

Gracias a Dios Hermana Glenda sigue componiendo canciones como cuando era pequeña: sóla y con una Biblia entre las manos. Gracias al cariño de tanta gente sigue viajando por el mundo con su guitarra para anunciar a todos los que quieran oirla que Dios les ama y tiene una Palabra de consolación para sus corazones.

 

El año pasado recibió una invitación especial del Vaticano y pudo cantar en el encuentro mundial de seminaristas y novicias del mundo para el año de la Fe. Tuvo el inmenso regalo de saludar al Papa Francisco en persona.

 

"La música me ha dado muchas satisfacciones y es un lenguaje privilegiado para hablar de Dios y con Dios", dice la hermana Glenda...mirando su guitarra y sonrriendo nos confiesa: "este es mi mayor don y mi mayor cruz con el que quiero seguir sirviendo a Dios y hasta el tiempo que él lo disponga, porque no es eterno". Por nuestra parte Eesperamos que sea por muchos años más el poder seguir alimentando nuestra alma con sus canciones nacidas de su fe profunda. ¡Adelante Hermana Glenda!. (Equipo FCaMP)